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Agresión entre especies

Entre animales y seres humanos la frustración crea agresión. Lo que frustra a un animal es no poder tener acceso a comida, espacio, sexualidad y juego
Agresividad ritualizada es pelear con honor, el ser humano parece tener pocos mecanismos inhibitorios de la agresividad innatos en general. // Por Psc. Vivian Hall Vigoritto - Etóloga

Un ejemplo es el hacinamiento que provoca conductas destructivas en animales .Cada animal necesita vivir en las condiciones que le permitan ser lo que es (un perro ser un perro, un humano ser un humano etc.) desafortunadamente vivimos en condiciones inadecuadas tanto los animales como los seres humanos.

Hay una tendencia natural creciente en la escala evolutiva hacia la búsqueda de jerarquía y de estatus, este es un factor en todos los animales que favorece las interacciones agresivas, la mayoría de las especies tratan de resolver estos problemas mediante los rituales, pero al ser humano le es más difícil, el mayor poder “entre garras y dientes, “

Agresividad ritualizada es pelear con honor, el ser humano parece tener pocos mecanismos inhibitorios de la agresividad innatos en general.

Sus mecanismos inhibitorios surgen de las estimulación social y primordialmente en la infancia, en otras palabras la mala noticia es que biológicamente estamos preparados para ser el depredador de depredadores, pero la buena noticia, es que con la educación adecuada, la información, la sensibilidad, la capacidad de razonamiento del ser humano, se puede desarrollar mecanismos inhibitorios contra la agresividad intraespecifica y heteroespecifica (contra otros humanos y contra otras especies animales).


Nuestro sistema nervioso central nos hace ser animales curiosos migrantes, que buscamos predominar, podemos tener sexualidad todo el año y prosperar hasta en un basurero, el polo norte, o en un desierto, podemos comer lo que sea, y todo lo que vuela, nade o se arrastre, que termine en nuestra cazuela, nuestra idiosincrasia nos prepara a las reacciones de estrés (pelear, huir, o inmovilizarnos, pero con un alto costo energético.

Con dos yemas de los dedos tronadas de la pareja, "el te vas" y jugo gástrico, la persona sale buscando con quien desquitarse, recordando la tendencia biológica depredatoria de pelearnos con el más débil, en el sentido de que el cerebro humano es muy fácil que reaccione con agresividad si se reúnen estas condiciones:

1 Marea emocional (estar enojados o estar tristes)
2 Frustración de necesidades de estatus, sexualidad, territorio y jerarquía
3 Sensación de peligro para crías y o grupo de pertenencia

Al ser animales predominantemente visuales no analizamos el contexto," si lo que es, parece ser" y nos involucramos en situaciones de agresividad

En esencia pareciera como si fuéramos animales racionales, sin embargo para la agresividad interviene predominantemente, el circuito límbico e hipotálamo, en otras palabras somos el animal que más reacciona con emociones y sólo eventualmente, con el peso de la educación y de hábitos de auto cuidado, reaccionaremos con la razón.

También intervienen los ciclos hormonales, por predominio de testosterona en los hombres y de progesterona en las mujeres, los adolescentes salen en busca de combates, para así buscar su lugar jerárquico, en la búsqueda de pareja, territorio y lugar social.

Otro de los elementos que se ha visto en la alta política estadounidense, es lo que se denomina (halcones-gallinas) pocos presidentes tan agresivos como los que no han peleado directamente en la guerra, además con el dominio de instrumentos somos capaces de matar a distancia y al no ver los efectos no nos sentimos culpables (Hiroshima y Nagasaki).

Si no vemos los resultados de nuestros actos no entran en nuestro “mundo moral”, nuestra tecnología nos pone mucha más capacidades que rebasan nuestros mecanismos inhibitorios y nos pone en la paradoja de poder destruir todo, pero como los animales primitivos que somos no podemos crear nada de lo que destruimos .


Las especies que hemos aniquilado ya no podemos traerlas nuevamente y como paso, con las abejas africanas en América Latina, o con los sapos toros en USA y los conejos en Australia, o los puercos en las islas del Pacifico, cada movimiento tiene consecuencias y cada extinción afectan nuestra calidad de vida y posiblemente nuestro destino evolutivo.

Parte del problema actual del ser humano y de su enajenación con respecto a todo lo vivo es su pérdida de contacto con los procesos vivientes, ejemplo: su propio cuerpo, estamos hechos como bípedos para caminar largas distancias y como seres táctiles a experimentar, tocar, acariciar, hacer herramientas y no solo agarrar la cerveza y el control de la tele, ya ni siquiera cazamos lo que comemos ni lo que cultivamos, estamos desvinculados de los procesos naturales, eso nos lleva a la fantasía de la omnipotencia y de que no necesitáramos tanto para nuestra supervivencia ni para aminorar nuestra soledad a las otras especies.

Estamos inmersos en no reconocer nuestras profundas necesidades agresivas y utilizarlas en desarrollo corporal o beneficios .

Renunciamos a nuestra necesidad y negamos nuestra capacidad agresiva como intento básico de desarrollo, para buscar tener un mundo mejor, descansamos con la agresividad de otros y adormilamos nuestras propias tendencias, al grado de que ya hay mucha gente que conoce la naturaleza en posters, compartimos con los animales ciclos de vida de esplendor y decadencia, también como ellos somos mortales y seguimos los mismos ciclos del carbono y el nitrógeno. Apoyarlos en su desarrollo es apoyar el nuestro.

Compartimos ciclos de familia que no se detienen en los matrimonios gay, si no que viene desde los peces y anfibios y que han adquirido en nosotros una mayor complejidad, como que seguimos siendo cachorros “ neotenia” es la retención de rasgos juveniles por parte del animal adulto.

Somos el animal neoteico por excelencia, ( en el programa para niños El chavo del 8 sería Kiko) en nuestra conducta y con capacidad teórica para aprender tenemos la capacidad de hacer un mundo mejor para nosotros y para los seres que nos acompañan en nuestra aventura.

Esto dependerá de que las nuevas generaciones a través de la educación por ejemplo como la enseñada en escuelas y sociedades ,se enfatice la cultura del respeto a la vida y a dejar a que cada especie sea lo que es, que el ser humano se desarrolle como ser humano y el perro como perro.

Las mejores condiciones posibles de desarrollo de potencialidades, por ejemplo: tanto ellos como nosotros tenemos derecho a una familia ,a un territorio , al apoyo en los diferentes ciclos de la vida que compartimos .

Tampoco es justo con las otras especies que actúen como humanos y tenemos que respetar y atender al animal que somos (las llantas son mecanismos de supervivencia en época de hambruna), no adornos constantes del ser humano moderno.

Por Psc. Vivian Hall Vigoritto
Etóloga

Escobar La Revista Digital
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