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¡Ay!. Autoestima no me abandones...

Todo se resume en una pregunta que nos hacemos cuando nos sentimos rechazados: “¿Y si mi cuerpo fuese de otra manera?”.

La mayoría de la gente, actualmente, vive con el complejo moderno de no sentirse a gusto con su cuerpo. Comúnmente se les ve por la calle o en la casa diciendo que “si fuesen más musculosos hubiesen hecho esto o aquello, o si tuvieran 10 cm más de estatura las hubiesen seleccionado para la agencia de modelaje, o aquel chico se hubiese fijado en ellas”, y así cualquier cantidad de comentarios. En fin, todo se resume en una pregunta que todas estas personas se hacen: “¿Y si mi cuerpo fuese de otra manera?”.


Para colmo de males, nos ponemos a ojear revistas de modelos, catálogos y programas de televisión donde los protagonistas son el paradigma perfecto de un narcisismo concreto. Y comenzamos entonces a decir que todo lo que nos sucede en esta vida es por culpa de este cuerpo que no nos ayuda para nada, ¡Para nada!

La verdad de todas las cosas es que el cuerpo es el templo del alma, y, si el alma lo trata bien, él se comporta de buena manera. Es decir, que si aprendemos a valorar, respetar y aceptar nuestro cuerpo, podremos mejorar también nuestro bienestar general. Además, no es culpa de castigos divinos o no sé qué otra cosa; es simple genética lo que determina si seremos delgados, rellenitos, esqueléticos (como yo), o con figura de estrella de televisión. La solución es, simplemente, aceptar nuestro cuerpo y mejorar partiendo desde ese punto. Así nuestro cuerpo querrá hacer ejercicio y las demás actividades sin mayores agravios.

Una rutina de actividad física, una dieta sana y mantener el equilibrio emocional, nos hará estar en paz y armonía con nosotros mismos, con el cuerpo que sea. Una vez nos hayamos creado una buena imagen de nosotros mismos, estaremos listos para lograr el mejor cuerpo posible. Nuestro cuerpo es el templo de nuestra alma, cuidémoslo; nuestra alma se sentirá mejor y nos lo agradecerá.

Escobar LA REVISTA Digital
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