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Víctima: no más...


Quienes se colocan en un rol de víctima, manipulan constantemente su entorno y logran captar la atención de los demás. ¿De qué modo frenar esta actitud que en la vida trae más dificultades que beneficios?

Dentro del desarrollo de recursos de los que dispone un ser humano, se encuentra sin lugar a dudas la posición de colocarse como víctima. “Este mecanismo de defensa es útil para no enfrentar las responsabilidades.

Las víctimas despiertan pena y lástima en el resto de la gente”, comenta la psicóloga española Montse Colomer Martínez. Las señales características de una persona que acostumbra victimizarse pueden ser:

“Inventan historias tristes para que puedan compadecerse de ellos y no sean exigidos laboral o emocionalmente, no tienen la capacidad de enfrentar los problemas y suelen llorar para justificar la ineficacia, siempre haciendo sentir mal al interlocutor responsabilizándolo de haber desatado un mal momento”, sostiene la profesional.




Estos individuos se llegan a compenetrarse tanto con sus propias falencias que se valen de ellas para estructurar sus vidas.

“Se identifican tanto con las heridas que han recibido y aquellas que se han inventado que tratan al entorno siempre desde la fragilidad y la vulnerabilidad, mostrando aquello que mejor desarrollan que es un comportamiento débil y dejan de lado la integridad y la responsabilidad que deberían tener como adultos”, argumenta la especialista.

Aunque resulta muy complejo subsanar este inconveniente, “es necesario poder rearmarse para disfrutar de la vida y para que la imagen frente al resto de la gente sea mucho más profundo, verdadero y sensato.

No es bueno dar lástima, aunque sí es necesario poder expresar los traumas y dolores en un ámbito terapéutico adecuado sin necesidad de hacer sentir mal a la familia, amigos o compañeros de trabajo”, explica Colomer Martínez.

El sentirse víctima constantemente de todos los acontecimientos, es un comportamiento pesimista que tiene su origen en la incertidumbre que depara el futuro.

“Estas personas son especiales para proyectar constantemente lo que va a pasar y casualmente, lo que va a suceder para ellos siempre es negativo.

Esta actitud hace que se tenga constantemente una manera de reaccionar de modo oscuro y trágico en donde para sobrevivir, la víctima intenta lavarse las manos del problema del que es protagonista y en su lugar, coloca al entorno o a una persona específica como responsable”, expresa la experta.

La víctima suele culpar al otro de las falencias propias. “De este modo, solamente perdemos poder, más allá de optar por una actitud facilista y falsa.

No hay que lavarse las manos sino involucrarse con lo que somos ya que asumir esta realidad es el primer paso para dejar de experimentar este estado de victimización”, opina la profesional.





Aprender a confrontar es necesario para salir de esa postura enfermiza. Solamente tomando el control de los problemas se podrá salir de ellos con grandeza y eficacia.

“Todos en algún momento de la vida nos hemos sentido víctimas, pero lo importante es poder salir rápidamente de ese estado para que sea únicamente una sensación pasajera fácil de revertir.

Si uno se queda perpetuamente encerrado en esa conducta se estará ante un problema que hay que tratar”, expresa la psicóloga.

Para empezar con el cambio, nada mejor que extraer del vocabulario habitual las siguientes frases: “no puedo solo/a con esta vida”, “no me merezco lo que me está pasando”, “todo lo malo me pasa a mí y a nadie más”, “estoy harto/a de mi vida”.
Fuente: En Plenitud
Escobar LA REVISTA Digital
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