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Adicción al trabajo


La adicción al trabajo es cada vez más común. Y a la diferencia de los que muchas veces se cree, no es saludable. ¿Qué pasa cuando no es posible desconectarse de las obligaciones laborales o sentimos que es lo único que nos hace feliz?
Cuando termina la jornada laboral siguen pensando en el trabajo, se van de vacaciones y no se desconectan de su celular, en un asado familiar los domingos hablan de las responsabilidades de la semana. La adicción al trabajo es un concepto relativamente nuevo y aún es difícil para los profesionales diferenciar a los individuos que lo padecen de los que trabajan mucho, pero no lo sufren. Un workaholic es una persona con una adicción socialmente aceptada y por eso es difícil combatirla.Para explicar algunos aspectos del fenómeno, los profesionales proponen distinguir eficacia de eficiencia. “La eficacia la tiene aquel que consigue el objetivo; la eficiencia, en cambio, el que logra el objetivo con un aprovechamiento integral de los recursos”, explica el doctor Eduardo Press. Y continúa caracterizando a los adictos al trabajo: “Uno puede ser eficaz pero no ser eficiente. Si para ir de acá para allá gasto el triple, no soy eficiente. Un adicto al trabajo puede llegar a ser eficaz porque consigue los logros; sin embargo, la energía que pone para lograr el objetivo es mayor que la adecuada”.
Una persona que es adicta al trabajo comienza el día pensando en su actividad laboral, sus charlas se centran en ella y sueña con sus responsabilidades. Entonces, ¿cómo diferenciar a una persona que trabaja mucho de aquella que es adicta? La respuesta llega de la mano del sentimiento de esa persona: sufre y mucho. “Hay individuos que trabajan demasiado y cuando terminan pueden hacer otra cosa. En cambio a los adictos, pensar en vacaciones o en el fin de semana, los llena de temor, angustia y ansiedad”, explica Press.
Esto lo puede padecer cualquier persona, desde un empleado hasta un gerente. No es necesario tener grandes responsabilidades: un adicto se puede hacer problemas por nimiedades. En general, fallan más que el resto porque parecen torpes y generan ámbitos de trabajo tensos. Y en sus tiempos de ocio es el entorno quien lo sufre. Los adictos no pueden relajarse ni disfrutar tranquilamente de otras actividades que no tengan que ver con el trabajo. Esta obsesión puede durar un tiempo o años.
“Buscan la satisfacción huyendo del malestar. Calman la angustia que les genera la insatisfacción”, explica Press sobre las adicciones en general. “Desconectarse del trabajo los llevaría a una situación desconocida. Esa pausa los angustia”, aclara y agrega que “hay veces que llegan a un grado de enfermedad física por no descansar. Consultan médicos, les dan licencias y no las quieren”.
Desde el ámbito corporativo, si es que la persona trabaja en una empresa, se puede ayudar al adicto conteniéndolo y recomendándole ayuda psicológica. Y desde la familia, informarse, porque es muy importante el apoyo de los afectos. “Hay adicciones que son más aceptadas socialmente, como el trabajo. Un adicto a las drogas o al juego está mal visto. Pero de un adicto al trabajo mucha gente dice ‘pobre, trabaja mucho’”, concluye Press.
Sobre esta cuestión, la licenciada Gilgun explica que “hay casos como el de un deportista, que tiene un esfuerzo permanente y la sociedad no lo ve como una adicción. O un investigador que tiene esa pasión por su profesión” y agrega que esto ocurre porque “el resultado de ese esfuerzo es un producto que es valorado socialmente. Aunque esto le cueste el deterioro de sus relaciones personales”.
Cuando estas personas sienten que tienen que cambiar su vida es “porque algo entra en conflicto y saben que pueden perder lo que aman por su trabajo, sólo allí puede haber irritación y luego sufrimiento. En este punto, no habría diferencia con un adicto”, completa la licenciada.
Para finalizar, recomienda para quienes sientan que en algún momento trabajaron demasiado, sean adictos o no: “Hay que llegar a un acuerdo con aquellos a quienes se ama. Muchas veces uno sobredimensiona las actividades y no dice que no. Y hay cuestiones, como por ejemplo, el amor, que nos hacen entrar en conflicto y la persona no quiere perder ninguna de los dos, ni la pasión por lo que hace ni el amor. Habrá que consensuar, ya sea perdiendo algo de la pasión por el trabajo o algo del amor”.

Texto: Solange Rial.para LA REVISTA DE SUSANA



Fuentes consultadas: Dr. Eduardo Press, consultor organizacional, director de la Escuela Argentina de Psicología Organizacional, autor del libro Psicología de las Organizaciones. Lic. Lidia Gilgun, directora del Departamento de Adicciones, coordinadora del Equipo de Intervención en Catástrofe y Asistencia a Damnificados, y secretaria de Asuntos Profesionales de la Asociación Psicólogos de Buenos Aires.

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