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Síndrome del nido vacío

Ideas para prevenirlo

alt¿Se puede evitar el dolor que genera la ausencia de los hijos? Algunos estudios recientes sugieren que la calidad de la relación paterno-filial es crucial y que haber desarrollado y mantenido una buena relación entre padres e hijos ayuda a prevenir el problema, porque la transición (tras la marcha de los hijos) es más llevadera psicológicamente para los padres.

Otros expertos aconsejan a los padres que, además, se preparen para esa nueva etapa vital mientras sus hijos aún vivan en el hogar familiar. Esta preparación consiste en ampliar su red social o número de personas que uno tiene a su alrededor (por ejemplo, apuntándose a cursos), así como la calidad de sus relaciones (visitar con más frecuencia a amistades, asistir a fiestas, cumpleaños o bodas).

Es aconsejable que los padres se preparen para la nueva etapa mientras los hijos aún vivan en el hogar familiar

También aumentar el número de actividades de ocio y aficiones contribuye a prevenir el síndrome. Aquellos padres que practican deportes o están unidos a alguna asociación cultural hacen que su vida tenga un significado más, aparte del cuidado de los hijos, lo que les ayudaría a estar más preparados para su marcha.

¿Cómo ayuda el psicólogo?

altAlgunas depresiones asociadas al síndrome del nido vacío pueden ser graves. El médico de cabecera es quien debe aconsejar al paciente, según la gravedad de la situación, si debe visitar al psicólogo. Por norma general, no se precisan un gran número de sesiones de terapia, aunque en algunos casos es posible que se necesite medicación antidepresiva si el estado emocional está muy decaído. La buena noticia es que es muy poco probable que este síndrome se arrastre para siempre, si se trabaja bien, con una correcta orientación psicológica y el paciente sigue las instrucciones de la psicoterapia.

El papel del psicólogo ante este síndrome consiste modificar las creencias y pensamientos equivocados de los afectados (la sensación de inutilidad, de que la vida ha perdido todo el sentido o de que no podrán aprender nuevas cosas ni ocupar su tiempo libre), así como ayudarlos a encarrilar la nueva etapa vital, sin hijos a su cargo, mediante algunos cambios. Éstas son algunas de las propuestas:

Ocupar el tiempo que antes se dedicaba a los hijos en actividades de ocio y tiempo libre que resulten agradables, como viajes, aficiones, deporte, labores útiles para la casa o el desarrollo personal y profesional.

Reavivar la vida de pareja y aprovechar esa soledad para recuperar la intimidad y el diálogo que quizás no se podía tener cuando los hijos estaban aún en casa.

Ver el problema como una liberación y oportunidad para hacer cosas que no habían podido hacer.

Aceptar la nueva situación. El psicólogo también ayuda al paciente a ver esta transición como una nueva etapa: la relación con los hijos cambia, no termina.

Aceptar que la pérdida es positiva. Desde la visión del psicólogo, es importante que, tanto los hijos como los padres comprendan que la pérdida es positiva. Para ello, se deben fomentar pensamientos del tipo: "si están listos para irse, entonces hemos hecho un buen trabajo".

Concederse tiempo para adaptarse a la nueva situación, y respetarlo. No es aconsejable deshacer enseguida la habitación del hijo que se ha ido si produce un gran dolor. Hay que valorar si los padres la mantienen para las visitas o si la conservan como "un santuario" para recordar al hijo que se ha independizado y anhelar y llorar su regreso. En este segundo caso, los padres deberán trabajar por y para la aceptación de la marcha del hijo

Fuente: Fernando Pena. Psicólogo colegiado número 8211 del Colegio Oficial de Psicólogos de Valencia. (http://www.miconsulta.es)

Visto en Eroski Consumer

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